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«Comedia» en tres Actos

  • Foto del escritor: Alberto Varela Sojo
    Alberto Varela Sojo
  • 28 jul
  • 2 min de lectura

Acto Primero


A primera vista estamos en una gran cocina moderna, de esas, que uno supondría, brillan de limpia como espátula metálica de pintar recién lavada. Un diseño frío y sobrio, combinado con la aspereza de la madera, se adueña de cada centímetro de ella. 

La pared del fondo de color cielo-de-día-triste no ayuda en nada a abrir el apetito, pero su techo color fuego-del-infierno-en-el-que-vivimos, tampoco lo hace. Las paredes de los costados, con enormes ventanas verdosas de lo «relucientes» que están, dejan entrar unos desastrados rayitos de sol que terminan de dibujar esta triste escena culinaria de dudosas cuatro estrellas.

Una enorme estación de cocina se ha acomodado a unos escasos dos metros del fondo de la habitación. Sobre uno de sus discos, que extrañamente hiede a putrefacción, una lata rayada y arrugada, cuya agarradera plástica fue fijada gracias al poder adhesivo de una cinta de marca, creo que escocesa, se calienta, mientras su descuidado vigilante juega al cubilete, solo. 

En una esquina, alejada de nuestro despistado actor secundario, una latita de veneno con aroma a césped-recién-cortado, suelta lentamente su contenido mientras un grupito, de unas pocas 37 cucarachas, yace a su alrededor.

A la derecha —del actor secundario— se ubica el actor principal, o protagonista. Típico cocinero con aires de grandeza sentado sobre un taburete desde el cual únicamente se dedica a gritar órdenes a sus subordinados.

Arrebatándole el vasito suave, gracias a la cobertura de imitación de cuero, con el que jugaba y con el típico tintineo de los dados plásticos al rebotar sobre metal, parece que nuestro protagonista quiere empezar el primer acto lo antes posible. 


Chef

Bueno, bueno, ¿hasta cuándo piensas seguir con esa verborrea?


Ofendido. La insolencia me hace callar.

Conocía la mala fama de este chef,

pero nunca había tenido que soportarla.


Asis-tonto

Perdón, ¿me habla a mí, señor?


«Chef»

No seas tonto. Le hablo a este intento barato de narrador. 


Aún más ofendido. Ardo en deseos de entrar a escena y partirle esa elegante come-mazorcas.


Asis-confundido

¿Cuál narrador, señor? Aquí solo estamos usted y yo.

Cocinero de Quinta

¿A quién le llamas cocinero de quinta, idiota?

 

El actor se levanta súbitamente de su taburete. Ahora, el ofendido es otro.


Asis-despistado

Señor, yo nunca le llamaría cocinero de quinta. Dios me libre de semejante pecado, señor.

Cocinero Barato

¡Que no seas tonto! Mejor pasemos al segundo acto, que este ya se arruinó gracias al «genio» ese.



Acto Segundo


Seguimos en la cocina del insolente «chef». Sigue igual de cochina y sucia. El hedor escapa de esos escasos diez metros cuadrados que conforman la triste escenografía y llega hasta las narices de los huéspedes del hotel del cual hace parte. Hotel igual de hediondo que la cocina, que a su vez es igual de asquerosa que su «cocinero» principal. 

En este acto, llegan nuevos personajes secundarios, que …


«Cocinerucho»

¿Piensas seguir con esa verborrea y esa narración tan aburrida?


Intentemos con el tercer acto…



Acto Tercero


¿Sabe qué, lector?,

busque a otro baboso

que le narre el tercer acto.


Insolente Cocinero Barato

¡Al fin! Gracias por regalarnos tu silencio, «narradarucho».

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